River sigue dando pena en la cancha y su crisis futbolística no se detiene. El equipo de Marcelo Gallardo volvió a jugar mal, aunque esta vez no perdió, sino que empató. De todos modos, la igualdad es como una derrota porque necesitaba ganar para tener chances de aspirar a clasificarse a la Copa Libertadores y no lo hizo. Ahora, quedó en zona de Copa Sudamericana y para entrar al máximo torneo continental tiene que salir campeón del Clausura o esperar que lo hagan Rosario Central, Boca o Argentinos Juniors para que alguno libere cupo.
Para no depender de otros, River tendrá que ganar el torneo. Aunque hoy eso parezca una quimera. Pero no lo queda otra que sortear los cuatro partidos de los playoffs, a los que ya estaba clasificado antes de jugar, y dar la vuelta olímpica para meterse en la Copa Libertadores. Ahora, ¿cómo hace para lograr un campeonato en este contexto futbolístico? No juega bien, no tiene una idea clara, casi que no patea al arco y los rendimientos individuales son cada vez más bajos.
Vélez tampoco se quedó atrás. Si bien fue levemente superior, el conjunto de Liniers no levanta cabeza y lleva tres partidos sin ganar. Es decir, tampoco llega a los playoffs de la mejor manera, aunque en los octavos de final definirá de local.
Foto repetida: los futbolista de River se retiran con la cabeza gacha.
Vélez y River han protagonizado grandes partidos a lo largo de la historia. Pero lo que el campo de juego del Amalfitani devolvió en la tarde fresca de noviembre fue una afrenta a esos encuentros históricos. Y eso que los técnicos son Guillermo Barros Schelotto y Marcelo Gallardo, quienes tuvieron su duelo aparte, pero otrora formadores de grandes equipos, hoy no escapan a la mediocridad y la monotonía del fútbol argentino.
En la primera parte, prácticamente no patearon al arco. Y casi no hubo llegadas de peligro. Una por lado. Lo tuvo Driussi para River, pero se le fue afuera cuando definió por arriba de Marchiori. Casi hace un golazo Maher Carrizo para Vélez, el único que intentó algo distinto, y Armani llegó a arañar la pelota.
Los dos equipos carecieron de ideas. River arrancó con entusiasmo y casi convierte cuando Juanfer dejó a Driussi cara a cara con Marchiori o cuando no terminó bien una contra que inició Casco con una larga corrida, pero se apagó rápidamente. Vélez, por su parte, entró desconcentrado y se acomodó tarde pero cuando lo hizo obstaculizó a River. Eso sí, no se le cayeron ideas en ataque y se repitió en centros de “mierda”, como diría su entrenador.
La responsabilidad no fue solo de los jugadores, claro. Los técnicos también tienen la suya. Ante las bajas, Gallardo ordenó un equipo más ofensivo pero el 4-3-3 dejó desconectados a Juanfer y Lencina, dos que podían juntarse a crear. Y en el medio, Enzo Pérez quedó muy solo y lo sintió. El mendocino volvió a jugar tras casi dos meses y le pesó la inactividad. Más de una vez corrió de atrás a los jugadores rivales. Aunque, intentó ordenar al equipo con su experiencia. Ahí fue clave también la superioridad numérica que tenía Vélez en distintos sectores de la cancha, sobre todo en el mediocampo.
Vélez buscó por los costados, sin claridad y tiró muchas pelotas al área. En una de ellas, Portillo, de espalda, impactó con el brazo derecho el balón. Detrás estaba Lanzini, que pareció cargarlo de atrás. Rey Hilfer se sacó la jugada de encima y del VAR no consideraron que era para llamarlo.
En el segundo tiempo sí hubo una tendencia. Fue Vélez el local el que asumió el protagonismo y con más ganas e ímpetu que fútbol, lo metió a River contra su arco. Lanzini corrió mucho pero con la pelota a veces se empecinó en querer hacer la suya. Jugaba un partido aparte por su salida de River.
Entre algunas jugadas mal terminadas por Vélez y las apariciones de Armani, la valla riverplatense se sostuvo en cero. El arquero evitó el gol tras una buena triangulación entre Carrizo, Lanzini y Galván. Y tras una doble tapada, Cavanagh lo erró de cabeza cuando el campeón del mundo parecía vencido. También, le sacó un tiro libre a Valdés.
La segunda parte de River, en tanto, fue para olvidar. Otra muestra del duro presente que atraviesa el equipo de Gallardo. Apenas un remate de Thiago Acosta, uno de los pibes que ingresó, que sacó Marchiori. Y nada más. El Muñeco intentó con los cambios pero en el banco de suplentes no había demasiado como para modificar la historia.
Así, River sumó su cuarto partido consecutivo sin ganar y sin hacer goles. Datos que marcan que su crisis futbolística es muy profunda.
