En el Gigante de Arroyito, en algunas ocasiones, apareció en lo alto de una de las plateas, una bandera con la inscripción “gracias Chiqui”, a modo de agradecimiento y dedicatoria al presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, en un claro acto de sumisión. Esta vez, al recibir al club de Claudio Tapia, se dejó esa docilidad de lado y en un campo de juego, en mal estado, Rosario Central sometió a Barracas Central y le ganó 2-0 para volver a la victoria tras dos empates.
Conducido por un genial Angel Di María, sostenido por el muy buen desempeño de Franco Ibarra y con un gran manejo de los tiempos y los espacios, cambiando permanentemente la orientación de los ataques para confundir a su rival, Central alcanzó una buena victoria, la cual empezó a justificar por lo hecho en el segundo tiempo, tras una primera parte soporífera.
Ya desde el inicio del complemento, el equipo de Jorge Almirón empezó a llegar por todos lados y a darle cada vez más preocupación al arquero Miño, de buen desempeño ya que tapó algunas pelotas complicadas. Pero los cinco defensores que tenía por delante no pudieron ante el embate del conjunto rosarino y en una jugada en la que le entró por todos lados, le convirtió.
Rosario Central se abraza al talento de Di María
Giménez envió un centro para la llegada en soledad de Di María, quien reventó la intersección del palo derecho con el travesaño. Ese rebote derivó en Sandez que enseguida envió nuevamente la pelota al área para la entrada de Copetti, quien de cabeza mandó la pelota a la red. Estaba solo el ex Racing pero no se encontraba en posición adelantaba ya que entró desde atrás. Los defensores de Barracas miraron y tiraron la posición adelantada como última instancia pero, luego de la revisión del VAR, se comprobó que el delantero, quien se retiró unos minutos más tarde ovacionado, estaba habilitado.
La virtud de Central no solo fue llegar al gol, sino jugar de la misma manera tras abrir el marcador. El conjunto local se ocupó de recuperar rápido la pelota y no darle chances a su rival de atacarlo. Barracas apenas lo molestó con un par de centros bien descolgados por Jeremías Ledesma. Y el Canalla tuvo la chance de aumentar pero Véliz no estuvo fino. Primero se pasó en la carrera y erró abajo del arco y luego sacó un zurdazo que se fue desviado.
La frutilla del postre llegó con una obra de arte de Di María, que le picó la pelota a Miño para sentenciar el resultado ante la pasividad defensiva de Barracas.
Horas después de su cumpleaños, que coincide con el día de los enamorados, el campeón del mundo festejó con mucho amor: se abrazó con sus compañeros y alcanzapelotas, hizo el corazoncito y recibió una enorme ovación de todos los Canallas en el Gigante de Arroyito, que disfrutaron de una nueva exhibición de su ídolo.
