Hijo de colonos y criado en el campo, Osuna partió hacia las islas con apenas 18 años, llevando consigo la inocencia de quien apenas conocía su región para enfrentarse a la crudeza de la guerra.
Para Inocencio, la memoria de las islas no es una fecha en el calendario, sino una vivencia constante. “El 2 de abril es todos los días para nosotros; no queremos que se termine el tema Malvinas, queremos que la nueva generación siga hablando de esto para que no sea en vano”.
Del campo chaqueño al frente de batalla
El veterano recordó su origen humilde y cómo la guerra lo marcó siendo casi un niño. “Era un chico de campo que no salía a ningún lado, solo a los bailes una vez al año”.
Al llegar a las islas, se encontró con un paisaje hostil de “agua y cielo”, donde el hostigamiento y los bombardeos eran moneda corriente. “Pensé que no iba a volver porque eran bombas todos los días”.
El doloroso regreso y la indiferencia social
Osuna relató con profundo pesar las dificultades que enfrentaron al volver al continente. Tras ser prisionero de guerra, el reencuentro con su familia fue agridulce. Especialmente emotivo fue el recuerdo de su llegada a casa: “Mi mamá estaba en el patio y llegué por el medio de la chacra para no asustarla. No me animé a aparecer de golpe porque pensé que se me moría la vieja de la impresión”.
Además, denunció la discriminación que sufrieron los excombatientes durante los primeros años de la democracia. “La sociedad no nos tenía en cuenta; ibas a pedir trabajo y no te daban por ser excombatiente, nos decían que éramos los locos de la guerra”.
Un mensaje de paz y respeto
A 44 años de la contienda, Inocencio mantiene vivo el recuerdo de sus camaradas, como su “hermano” de Quitilipi, el soldado Pegoraro, quien perdió la vida en combate. Su mensaje para los jóvenes de hoy se centra en el diálogo como única vía para resolver conflictos.
“Ojalá nunca más haya guerra. Hablando se puede solucionar, no es agarrar un arma y seguir matándonos. A la nueva generación le pido respeto, eso es lo mejor que hay”.
Visiblemente conmovido, Osuna concluyó señalando que compartir su historia le permite aliviar, aunque sea un poco, esa “mochila al hombro que nunca podemos vaciar”.
