El 24 de mayo de 1810 fue, quizás, el día de mayor tensión e incertidumbre de toda la Semana de Mayo. Tras el histórico Cabildo Abierto del 22 y el recuento de votos del 23, las expectativas del pueblo criollo eran altas. Sin embargo, la jornada de hoy de hace 216 años comenzó con una fuerte indignación generalizada debido a una cuestionada maniobra política.
La “trampa” del Cabildo
Incumpliendo la voluntad popular de desplazar por completo al poder colonial, el Cabildo dispuso la creación de una Junta Provisional de Gobierno. Para sorpresa y malestar de los patriotas, la junta estaba integrada por cuatro vocales (los criollos Cornelio Saavedra y Juan José Castelli, y los españoles Juan Nepomuceno Solá y José Santos Incháurregui), pero presidida nada menos que por el depuesto virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.
Esta resolución fue vista inmediatamente por el pueblo y por las milicias como una burla y una estrategia de los sectores conservadores para que el jefe español siguiera al mando de las armas y del gobierno.
La reacción criolla y la renuncia masiva
La noticia corrió rápidamente por las calles de Buenos Aires. Al enterarse de la composición de la Junta, los coroneles Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano, junto a referentes populares como Domingo French y Antonio Luis Beruti, manifestaron su absoluto rechazo. Sostuvieron que el pueblo estaba dispuesto a recurrir a las armas antes que aceptar la continuidad de Cisneros.
La presión en las calles y en los cuarteles fue tan asfixiante que, por la noche, los miembros criollos de esa fallida junta, Castelli y Saavedra, presentaron su renuncia. Esto obligó a la disolución del cuerpo y forzó a Cisneros a declinar su postura.
El preludio del 25 de Mayo
Ya en la medianoche del 24, un grupo de patriotas se reunió en la casa de Rodríguez Peña para redactar una nueva lista de integrantes para el gobierno, la cual se presentaría al día siguiente.
La maniobra del Cabildo había fracasado. El poder colonial ya no tenía margen de acción, y las bases para el histórico 25 de mayo de 1810 estaban definitivamente consolidadas. La Revolución ya era imparable.
