Destacó los avances en los métodos de inscripción de donantes y la importancia de concientizar a los jóvenes para salvar vidas.
En una emotiva y esclarecedora entrevista para Radio La Red 92.9 MHz, la farmacéutica Mariam Ambrosini relató su experiencia personal como paciente trasplantada y enfatizó la necesidad de visibilizar la donación de sangre y de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH), comúnmente conocidas como médula ósea.
Un cambio de vida radical
Para Ambrosini, la donación no es un concepto abstracto, sino la razón por la cual hoy puede contar su historia. “Yo básicamente estoy viva gracias a donantes“, afirmó, recordando que antes de su trasplante dependía de transfusiones de sangre y plaquetas casi día por medio.
Su caso ilustra la complejidad de encontrar un donante compatible: las estadísticas indican que tres de cada cuatro personas no encuentran un donante compatible dentro de su propia familia. En su caso, la compatibilidad con su hermano era de solo un 50%, y el “milagro”, como ella lo define, llegó desde el otro lado del mundo: su donante resultó ser una persona en Israel. “Que aparezca un donante que es de Israel… ya es loquísimo pensarlo, que seamos iguales”, expresó con gratitud.
La ciencia al servicio de la vida: del pinchazo al hisopado
Uno de los puntos clave de la charla fue la simplificación de los procesos para inscribirse como donante. Anteriormente, era necesario extraer una muestra de sangre para el análisis inicial. Sin embargo, Ambrossini anunció que próximamente en el hospital local se podrá realizar la inscripción mediante un método nada invasivo: un hisopado bucal.
“Con un isopo te raspan el cachete, la saliva, y solamente con eso ya quedarían inscriptos como donantes”, explicó. Este avance busca eliminar el temor a las agujas que muchas veces aleja a los voluntarios potenciales. Una vez completado un formulario privado para determinar la aptitud del donante (donde factores como tatuajes recientes pueden ser limitantes temporales), el proceso es sumamente sencillo.

Concientizar a las nuevas generaciones
Ambrosini, quien recientemente brindó una charla a estudiantes de la carrera de Farmacia, destacó el interés de los jóvenes y la importancia de este sector de la población, ya que el límite de edad para donar médula ósea es de 40 años.
“Ojalá acá esté sentado alguno de los que puedan salvarle la vida a alguien”, les dijo a los alumnos, subrayando que la donación es un acto altruista donde uno rara vez conoce la historia de quien recibe la ayuda, pero el impacto es total.
Próximas actividades
En el marco de esta labor de difusión, se anunció una charla informativa para el próximo 14 de junio. El objetivo es seguir construyendo lo que Ambrossini denomina una “cadena de milagros”, transformando la falta de conocimiento en una acción concreta que brinde esperanza a quienes hoy están en lista de espera.
“Me parece que es un poquito mi deber poder pedir ayuda… para un montón de gente que sí lo necesita”, concluyó la profesional, cuya vida cambió tanto que incluso su grupo sanguíneo se transformó tras el trasplante, pasando a ser A positivo.
