Tras su paso consagratorio por el Festival de Yby Porá, la artista de Sáenz Peña visitó los estudios de Radio La Red 92.9 MHz para compartir la intimidad de una carrera donde la perseverancia y el buen canto se abren paso al andar.
El fenómeno de Ibípora y la conquista de “La Previa”
La mística de los festivales “tierra adentro” tiene reglas propias, y Mariana Suáres supo jugarlas todas. Su llegada al Festival de YbY Porá —el evento de Lázaro Caballero que es hoy el latido más fuerte del monte formoseño— no fue fruto del azar, sino de un “mandarse” con la fe del que sabe lo que tiene. Entre mates y recuerdos en la radio, Mariana relató cómo se postuló a través de las redes sociales para “La Previa”, ese escenario peñero que arde mientras el sol todavía manda. Lescano, el guardián de la grilla, fue claro: de 54 aspirantes de todo el país, solo 16 tendrían lugar. Mariana fue una de esas voces elegidas.
El sábado de su actuación, el predio era un “hervidero”. Suáres cargó con la responsabilidad de ser la única mujer solista en subir a escena esa jornada. Al principio, el público buscaba el resguardo de la sombra, disperso por el camping; pero bastó que soltara las primeras notas de su potente voz para que el ambiente se transformara. Como un imán que nace de las entrañas, su canto congregó a la multitud frente al escenario. Su voz ya es marca registrada entre sus seguidores— no solo despertó al monte, sino que obligó a los presentes a dejar sus tareas para pedir fotos y preguntar por esa mujer que cantaba con la fuerza de un vendaval.
Mística y sacrificio: La odisea de los peregrinos del folklore
El folklore en Formosa no es solo música, es una peregrinación. En la charla, se destacó la travesía épica de quienes recorren miles de kilómetros para habitar ese suelo por tres o cuatro días. Mariana recordó emocionada a los seguidores que llegaron desde Santa Cruz tras cuatro jornadas de viaje, y la historia de un fotógrafo de Chubut que, junto a su prima de Trelew —quien manejó dos horas extra para buscarlo—, viajó hasta el norte solo para retratarla gratuitamente, cautivado por su arte en las redes sociales. Esa conexión emocional rompe cualquier barrera geográfica.
La organización del festival también supo estar a la altura de semejante entrega. Para dignificar al “peregrino”, este año se resolvieron las quejas de ediciones anteriores, donde las esperas para ingresar llegaban a las seis horas. Con la apertura de seis o siete accesos, duchas disponibles y una política de precios accesibles en las cantinas, el predio de Lázaro Caballero se transformó en un hogar para los miles de visitantes. Es, en palabras de la cronista, una muestra de cómo el respeto por el público es lo que termina de consagrar a un festival.
Equilibrio vital: El salón, los “chismes” y una banda de estirpe joven
La vida de Mariana Suáres es un equilibrio constante entre el oficio y la pasión. En su peluquería, donde se gestan las historias del barrio, bromea con que, si la música fallara, bien podría escribir un libro con los “chismes” y secretos que recolecta entre corte y corte. Pero la música no falla, y su banda es el reflejo de ese compromiso. Allí convive la sangre y el talento: su hijo mayor, Joaquín, ya es parte fundamental del grupo, mientras que Ignacio y la pequeña Malena esperan su turno para subir a las tablas.
La innovación sonora llegó de la mano de Valentín, un violinista de apenas 16 años “secuestrado” —como dice ella entre risas— de la orquesta “Vientos de Cambio”, de donde también ha sabido atraer a talentosos profesores. Valentín representa el sacrificio del artista joven: estudiante de la escuela Industrial, lucha con las “equivalencias” y las materias pendientes para no descuidar ni el estudio ni el violín.
Para Mariana, el secreto no está solo en la técnica, sino en rodearse de “buenas personas”. Esa armonía humana es la que permite interpretar con alma piezas como las de Gastón Bordón, el compositor detrás de sus temas más sentidos, quien ya trabaja en nuevas letras inspiradas en esa autenticidad.
Consagración y perseverancia: El camino hacia el reconocimiento oficial
El camino no ha sido sencillo. Mariana recordó que participar en espacios como la Cabalgata de la Fe es “complicadito” por el hermetismo de ciertos círculos artístico. Sin embargo, su persistencia y aquel hito de haber llegado a la final de Cosquín le han otorgado el respeto necesario para consolidarse. Ese esfuerzo tendrá su recompensa institucional: el próximo 27 de agosto, coincidiendo con el Día del Folclore, el Concejo Deliberante le entregará un reconocimiento oficial por su trayectoria y su aporte a la cultura regional.
Apenas un año y medio ha pasado desde que Mariana decidió retomar su carrera artística con una valentía digna de destacar. Hoy, entre su profesión y el polvo del camino, Mariana Suárez se erige como una de las voces más genuinas del folclore actual. Es la prueba viviente de que, cuando hay verdad en la garganta y humildad en el corazón, el monte siempre termina escuchando.
