La vida de la bailarina saenzpeñense Ariana García dio un giro de 180 grados cuando tomó la valiente decisión de emigrar para cumplir su sueño: vivir exclusivamente de la danza. En una emotiva entrevista en radiostreaming vía Zoom con el programa matutino de Radio La Red 92.9 MHz, Ariana compartió los detalles de su travesía, su rutina en el extranjero y los desafíos de convivir con la distancia y la diferencia cultural.
El inicio de una pasión: del Chaco a Córdoba
Ariana García lleva el arte en sus venas. Sus primeros pasos los dio en Sáenz Peña, iniciándose en las disciplinas de danzas clásicas y folclore a través de los talleres de Cultura. “Comencé y nunca paré”, relata con orgullo al repasar una trayectoria de 13 años ininterrumpidos dedicados por completo a esta disciplina.
La danza no solo fue su pasión, sino también su sustento desde muy temprana edad: a los 15 años comenzó a dar sus primeras clases en su ciudad natal, marcando su primer ingreso económico gracias al baile. “Mi primer plata, mi primer ingreso fue gracias a la danza”, recuerda con satisfacción.
Buscando expandir sus horizontes y profundizar en su formación, Ariana se trasladó a la provincia de Córdoba, donde residió durante tres años. Allí cursó el primer año del Profesorado de Danza, una carrera de nivel universitario que, según describe, requiere una preparación integral. “Se estudia muchísimo; tiene pedagogía, anatomía… requiere una preparación física, mental y psicológica, además de toda la parte estética y el automaquillaje. Es algo que te abre mucho la cabeza”, explicó sobre la rigurosidad de su formación.
La decisión de emigrar: romper la zona de confort
A finales de 2023, Ariana cerró su etapa en Córdoba y, a principios de 2026, desembarcó en Turquía. La decisión de dejar Argentina no fue sencilla, pero estuvo impulsada por la búsqueda de oportunidades profesionales estables.
“En Argentina es muy difícil trabajar exclusivamente de un show. Tenés que irte directamente a Buenos Aires, y es algo que me replanteé mucho tiempo pero no me terminaba de cerrar”, confesó la bailarina. Al ver cómo colegas y conocidos de la danza comenzaban a viajar y a encontrar excelentes oportunidades en el exterior, Ariana se sintió motivada a dar el gran salto.
“Miedo y preocupaciones siempre van a haber, pero es peor quedarse en la zona de confort. Si sale bien, genial; y si no sale tan bien, también está bien haberlo intentado”, reflexionó en torno a los temores de emprender un viaje tan drástico.
Vivir del baile en la costa turca: rutinas, idiomas y choques culturales
Actualmente, Ariana se desempeña como bailarina profesional en el circuito turístico de Turquía, realizando presentaciones diarias en hoteles (en eventos tipo Pool Party por la tarde y noche) y, ocasionalmente, en clubes nocturnos. Su ritmo de trabajo es sumamente exigente: se presenta todos los días y cuenta con solo dos días libres al mes (un franco cada 15 días).
A la exigencia física se le suma el desafío del idioma y la convivencia multicultural. “Vine sin saber nada de inglés y acá estoy aprendiendo muchísimo todos los días para poder comunicarme, desde el trabajo hasta para pedir agua”, comentó entre risas.
Curiosamente, debido a la gran afluencia de turismo y personal de origen ruso en los hoteles de la zona, el inglés y el ruso son las lenguas predominantes. Al convivir en su residencia con dos bailarinas rusas, Ariana bromeó: “Creo que voy a volver hablando más ruso que turco”.
Afortunadamente, no transita este camino sola. Comparte vivienda y trabajo con una colega y amiga argentina, quien se ha convertido en su pilar fundamental en el día a día. “Gracias a ella todo es mucho más lindo y hogareño; no me siento tan extranjera”, destacó.
El peso de la distancia y el sostén de la familia
Estar a miles de kilómetros de casa tiene un costo emocional. Ariana confesó extrañar profundamente a su familia y su tierra natal. La diferencia horaria de seis horas influye en las comunicaciones cotidianas: cuando en Sáenz Peña se inicia la jornada matutina, en Turquía ya eran casi las tres de la tarde y Ariana se preparaba para trabajar.
Uno de los momentos más duros para ella fue vivir el Mundial de fútbol lejos de Argentina. “Siento a la Argentina en el corazón y me enloquece el fútbol; pasar el mundial acá fue realmente duro”, recordó con nostalgia. Antes de partir, Ariana pasó tres intensos días junto a su familia para despedirse y “cargar energías”.
Para la bailarina, el respaldo incondicional de sus seres queridos fue el motor que le permitió animarse al viaje: “Ellos siempre me impulsaron y no dudaron. Me dijeron: ‘Si querés ir, andá. Si necesitás volver, acá te vamos a abrir la puerta’. Sin su apoyo no lo hubiera podido hacer de esta manera tan emocionante”.
Un mimo al alma en idioma español
La entrevista cerró con un momento de profunda emotividad. Ariana agradeció la llamada de Radio La Red y admitió, con timidez, que la comunicación significó un enorme alivio en medio de su exigente rutina: “Me llena el alma y es un mimo supergrande. Hoy ustedes van a ser las únicas personas con las que hable en español en todo el día, más allá de mi compañera. Realmente uno extraña su lengua materna”.
Con su talento, esfuerzo y valentía, Ariana García demuestra que los límites de Sáenz Peña son solo el punto de partida para una carrera que hoy brilla con luz propia en tierras de Oriente Medio.
