El uso de lentes de contacto en la infancia suele despertar un mar de dudas y temores, sobre todo en los padres. Sin embargo, la ciencia oftalmológica y la práctica clínica demuestran que no solo es posible, sino que en muchos casos es la mejor indicación terapéutica disponible.
En el espacio quincenal de salud visual de radio La Red 92.9 MHz (La Red Multimedios), la Licenciada Athina Pantaleff, óptica oftalmóloga especialista en terapia visual, abordó con precisión los mitos y realidades que rodean a estos dispositivos ópticos, detallando los enormes beneficios que aportan a la calidad de vida y al desarrollo cognitivo y motriz de los más pequeños.
El pilar del éxito: la participación y compromiso de la familia
Para la especialista, el abordaje de la salud visual infantil tiene una regla de oro: la familia debe ser parte activa del proceso. Ya sea para adaptar una lente de contacto, elegir el armazón de un anteojo aéreo o realizar sesiones de terapia visual, el éxito del tratamiento depende del compromiso del entorno familiar.
Esto se debe a que, lógicamente, los niños —según su rango de edad— no tienen la madurez para medir ciertos peligros o mantener de forma autónoma hábitos rigurosos de higiene, fundamentales al manipular lentes. Por ello, la guía y supervisión constante de los padres se vuelven indispensables en el día a día.
“Cuando uno trabaja con niños, la familia tiene que estar involucrada y comprometida, porque es necesaria su participación. El niño, según la edad, no entiende cuestiones de peligro o de higiene; no va a tener por sí mismo esa precaución de lavarse las manos.”
Bebés con lentes de contacto: la respuesta médica a la catarata congénita
Uno de los mitos más comunes que resuenan en la consulta es que las lentes de contacto están reservadas para la adolescencia (comúnmente se cree que recién a los 15 años están indicadas). Pantaleff desmitificó de raíz esta creencia al afirmar que estos dispositivos pueden colocarse desde los primeros meses de vida.
La indicación médica más relevante en lactantes es la catarata congénita, una patología donde el bebé nace con el cristalino opaco. En estos casos, el médico oftalmólogo realiza una cirugía para extraer este lente natural opaco. Al quedar el ojo sin cristalino, es imperioso reemplazar su función óptica para que la visión se desarrolle. Debido a que un anteojo de armazón tradicional resulta sumamente incómodo y poco funcional para un bebé de 4, 5 o 6 meses, la lente de contacto se convierte en la herramienta indispensable para que ese ojo reciba el estímulo de luz y el cerebro aprenda a ver con normalidad.
“Las lentes de contacto se pueden poner desde bebés, a los 4, 5, 6 meses, al año o dos años. Cuando nacen con catarata congénita y el cristalino es extraído porque es opaco, la falta de ese cristalino es muy difícil de reemplazar con un anteojo aéreo. En esos casos, la indicación siempre es la lente de contacto para que esa visión se desarrolle lo más parecido a la normalidad posible.”
Libertad de movimiento, deporte y campo visual completo
En niños de edad escolar (entre los 4 y los 8 años), los lentes de contacto ofrecen ventajas extraordinarias frente a los anteojos. Aunque los adultos suelen subestimar la capacidad de cuidado de los niños, Pantaleff remarcó que, cuando se les explica el procedimiento con paciencia y detalle, los niños suelen ser sumamente cuidadosos y responsables, muchas veces superando la rigurosidad de los adultos.
Entre los beneficios prácticos que transforman la experiencia de los niños, se destacan:
- Confort en actividades físicas: Los niños saltan, juegan y practican deportes de manera intensa. Los lentes de contacto eliminan el riesgo de rotura de cristales, golpes en la nariz o la caída constante del armazón.
- Campo visual sin límites: Por más adaptado o grande que sea un anteojo aéreo, la montura siempre limita el campo de visión periférico. La lente de contacto acompaña el movimiento del ojo, ofreciendo un campo visual de 180 grados, óptimo para la recepción de información de su entorno.
- Graduaciones altas y anisometropías: En graduaciones severas, los cristales de los anteojos son pesados e incómodos. Asimismo, en casos donde un ojo requiere un aumento muy diferente al otro (anisometropía), el cerebro procesa e integra de forma mucho más eficiente la imagen recibida a través de lentes de contacto, debido a la ausencia de distancia física entre el lente y la córnea.
El peligro silencioso del mal uso: secuelas que aparecen décadas después
La profesional detalló que existen diversas modalidades de reemplazo de lentes de contacto: las de uso diario (one day, ideales por su alta higiene, ya que se usan en la jornada y se descartan por la noche), las de reemplazo programado (mensuales, que duran estrictamente 30 días) y las de reemplazo anual, que requieren limpiezas profundas en el gabinete de contactología y controles periódicos.
En este punto, Pantaleff lanzó una seria advertencia para niños, jóvenes y adultos sobre un hábito nocivo muy extendido: estirar el uso de las lentes mensuales por seis, ocho o hasta doce meses bajo la premisa de que ‘no están rotas’.
“Las lentes de reemplazo mensual duran un mes, no 6 u 8 meses como están acostumbrados a usarlas. Uno debe entender que es un dispositivo que se coloca en el ojo. En las lentes blandas, las complicaciones no se ven en el momento, sino muchos años después. Hoy tenemos pacientes de entre 30 y 40 años con intolerancia absoluta al lente o úlceras a repetición por haber hecho un mal uso durante su adolescencia o juventud.”
Debido a que el material de la lente blanda no genera dolor inmediato cuando se vence, los usuarios suelen confiarse. No obstante, con el tiempo pierden sus propiedades físicas de permeabilidad, impidiendo que la córnea reciba la oxigenación (hipoxia) y propiciando infecciones graves. ‘Si el daño fuera inmediato, seríamos más conscientes’, reflexionó la especialista.
Desarmando temores: ¿Se puede perder la lente detrás del ojo?
Entre los temores infantiles (y también de muchos adultos), destaca el miedo de que el lente de contacto se desplace hacia la parte posterior del ojo o pueda llegar al cerebro. Pantaleff despejó esta duda con contundencia.
“Es un mito total. La lente de contacto no se puede ir para atrás porque no existe un paso físico del globo ocular hacia la parte posterior a través del párpado. Si por algún motivo la lente se mueve (por un roce o una pestaña), siempre quedará retenida debajo del párpado superior o inferior, dentro de la superficie del globo ocular.”
Lentes de color en niños y la preocupante venta sin control en internet
En cuanto al uso de lentes cosméticos de color en menores, la recomendación de la especialista es un ‘no’ rotundo. Al no existir una necesidad clínica, resulta injustificado exponer el ojo de un niño a riesgos innecesarios como úlceras o hipoxia por un capricho estético. La profesional comparó gráficamente la situación: ‘Sería equivalente a someter a un niño a una cirugía plástica de nariz para que se vea más linda; no es necesario’.
Por otra parte, la Lic. Pantaleff manifestó su profunda preocupación por el auge de la comercialización de lentes de contacto en internet. Advirtió que la venta de estos dispositivos en portales web sin el asesoramiento de un profesional calificado es un atentado contra la salud visual.
“La lente de contacto tiene medidas físicas y debe permitir el paso de oxígeno a la córnea. No todas las lentes transmiten la misma cantidad de oxígeno ni se adaptan a la córnea de igual manera. Por eso, que se vendan por internet me da mucha tristeza, porque hay un enorme trabajo y una gran responsabilidad del profesional que adapta y sigue al paciente.”
La especialista concluyó enfatizando que tanto los anteojos como las lentes de contacto son dispositivos de salud, por lo que su adquisición debe realizarse exclusivamente en ópticas habilitadas, bajo el estricto control y seguimiento del óptico contactólogo y el médico oftalmólogo.
