Cada 16 de septiembre se conmemora en la Argentina el Día del Almacenero, una jornada dedicada a rendir homenaje a los comercios de barrio como pilares fundamentales de la economía local, la identidad comunitaria y los lazos de confianza cotidiana.
En este marco, radio La Red (92.9 MHz) dialogó con Ariel Fernández, propietario del tradicional Mercadito Cocolilo, ubicado en la calle 5, entre 24 y 26, en el barrio Sagrado Corazón.
Un proyecto familiar con 42 años de trayectoria
El establecimiento comenzó su historia hace 42 años por iniciativa de los padres de Ariel: Gina de Caropo —fallecida hace ocho años— y Nicolás Fernández, quien actualmente tiene 84 años. Tras el fallecimiento de su madre, la continuidad del emprendimiento se resolvió mediante un acuerdo familiar entre los tres hermanos.
“Nos criamos en el negocio; somos tres hermanos y no nos parecía correcto cerrarlo por el sentimiento que le tenemos”, expresó Ariel, quien lleva adelante la atención junto a su hermano menor Gino (de 26 años) y con el respaldo a distancia de su hermana mayor, Mariela, hoy radicada en la provincia de Formosa.
El curioso origen de un nombre con historia
Aunque con frecuencia algunos clientes confunden la denominación y le dicen “Cocodrilo”, el nombre oficial del local es Mercadito Cocolilo. El origen de esta marca tan particular remite a una anécdota de la infancia familiar.
Según relató Fernández, cuando su hermana Mariela era muy pequeña y lloraba, su padre solía consolarla hablándole de las “lágrimas de cocodrilo”. La forma en que la niña intentaba repetir la palabra dio lugar a “cocolilo”, denominación que terminó bautizando al negocio para siempre.
Organización diaria y el valor de la confianza
Mantener un comercio de cercanía exige adaptabilidad y esfuerzo constante. Ariel y su hermano combinan la atención del mercadito con sus respectivos trabajos fuera del rubro y sus responsabilidades familiares, al no contar con empleados contratados.
“Nos coordinamos por mensaje. Si hay que llevar a los chicos al colegio o realizar alguna actividad, se cierra 15 o 30 minutos y se vuelve a abrir”, detalló el comerciante. Esta dinámica es comprendida por los vecinos del barrio, quienes suelen consultar por mensaje o aguardar unos minutos la reapertura. Además del almacén, la familia administra en la zona la Parrilla Cocolilo, consolidando su presencia comercial en el vecindario.
La libreta del almacenero y el recuerdo del espíritu fundacional
En una época dominada por los pagos digitales, el Mercadito Cocolilo conserva la tradicional libreta de fiado. El negocio mantiene el crédito de palabra para clientes de muchos años y de plena confianza, permitiéndoles saldar sus cuentas de manera semanal, quincenal o al momento de cobrar sus haberes. “Se entiende la situación económica actual; son clientes de toda la vida y se hace un sacrificio para esperarlos”, afirmó Fernández.
Actualmente, el local ofrece una amplia variedad de productos que incluyen fiambres, pollos, milanesas, panificados, galletitas, golosinas y artículos de verdulería para resolver las compras diarias. Ariel recordó que durante la gestión de su madre el surtido era aún más abarcativo, e incluía útiles escolares, repuestos diversos y artículos de tienda de ropa que ella misma traía de viajes comerciales a Bolivia y Buenos Aires.
El Mercadito Cocolilo atiende al público en horario comercial de 8:00 a 13:00 por la mañana y reabre por la tarde entre las 17:00 y las 18:00 hasta la medianoche (00:00 hs), reafirmando diariamente su lugar como un símbolo de la historia barrial.
