Además, explicó el funcionamiento de las lentes de diseño especial que permiten ralentizar su progresión y prevenir severas complicaciones oculares en la adultez.
En el marco del espacio “La visión más allá de los ojos”, emitido durante la mañana informativa de Radio La Red 92.9 MHz, la Licenciada Athina Pantaleff abordó una problemática de creciente preocupación en la salud infantil: el rápido avance de la miopía en niños y las herramientas ópticas de última generación disponibles para frenar su desarrollo.
Un fenómeno en aumento: pantallas, visión cercana y falta de luz natural
La miopía se define como la dificultad para enfocar con claridad los objetos lejanos. Sin embargo, la especialista advirtió que en los últimos años los diagnósticos están progresando de manera inusualmente acelerada en los más jóvenes.
Este comportamiento responde en gran medida a transformaciones en los estilos de vida y hábitos cotidianos de la infancia. Entre los principales factores determinantes se destacan:
- Exposición prolongada a pantallas y trabajo continuo en visión cercana.
- Disminución del tiempo al aire libre y menor exposición a la luz solar.
- Cambios en las rutinas de alimentación y esparcimiento.
“Todas estas modificaciones en las rutinas diarias hacen que la miopía aparezca antes y avance con mayor rapidez”, señaló Pantaleff, haciendo hincapié en la necesidad de equilibrar el uso de la tecnología con la recreación en espacios abiertos y luz natural.
Lentes convencionales vs. lentes de control de miopía: ¿cuál es la diferencia?
Durante la entrevista, la profesional estableció una clara distinción entre los anteojos tradicionales y las lentes diseñadas específicamente para el control de la miopía:
- Lentes tradicionales (negativas): Tienen como objetivo corregir la refracción en el momento. Permiten que el paciente vea con nitidez a la distancia mientras las lleva puestas, pero no detienen el crecimiento del ojo ni frenan el avance del aumento.
- Lentes de control de miopía: Cuentan con un diseño óptico especial fruto de investigaciones científicas recientes. Su función principal es ralentizar la progresión de la miopía. De esta forma, si un niño inicia con una graduación baja (por ejemplo, -2 dioptrías), se busca estabilizarla en ese nivel para evitar que continúe incrementándose durante el crecimiento.
No obstante, la especialista enfatizó que estas lentes requieren una adaptación técnica rigurosa en la óptica. “No se trata de lentes comunes; exigen tomar parámetros anatómicos específicos y realizar un seguimiento continuo coordinado entre el oftalmólogo, la óptica y la familia”.
Más allá de la estética: riesgos patológicos en la vida adulta
El avance descontrolado de la miopía no se limita a una preocupación estética o a la incomodidad que generan los cristales gruesos y pesados. La Licenciada alertó sobre los riesgos estructurales que esto implica para la salud ocular futura:
Al progresar la miopía de forma acelerada, se produce un estiramiento o crecimiento excesivo del globo ocular. Esta alteración anatómica vuelve a la retina más frágil y delgada, incrementando de forma considerable el riesgo de padecer patologías severas en la adolescencia o edad adulta, tales como el desprendimiento de retina u otras afecciones asociadas a la miopía magna.
“Si logramos frenar la progresión en la infancia, evitamos que ese niño llegue a la adultez con una miopía elevada y con el riesgo de sufrir estas complicaciones”, afirmó.
El esquema de controles visuales desde el nacimiento
Para intervenir a tiempo, la detección precoz resulta fundamental. La especialista remarcó la importancia de cumplir con el calendario de controles oftalmológicos pediátricos:
- Recién nacido: Se examina el fondo de ojo para comprobar que las estructuras estén sanas y descartar anomalías como la catarata congénita.
- A los 6 meses: Se evalúa la alineación ocular, la evolución del sistema visual y la presencia de estrabismo o desviaciones.
- Al año de vida (control clave): Se realiza la evaluación refractiva completa para detectar tempranamente indicios de miopía, astigmatismo u otros defectos visuales.
En esta línea, Pantaleff recomendó acudir específicamente al oftalmopediatra. “El sistema visual infantil requiere una mirada especializada. El oftalmopediatra es el profesional capacitado para evaluar minuciosamente el desarrollo visual en los niños”.
Armazones, confort y recomendaciones para la familia
Respecto a la elección de anteojos para los niños, se detallaron pautas clave para asegurar el éxito del tratamiento:
- Calce anatómico correcto: El armazón debe ajustar adecuadamente sobre el puente de la nariz y detrás de las orejas, evitando la tendencia común de usarlos caídos en la punta de la nariz.
- Flexibilidad y durabilidad: Los materiales deben ser resistentes para acompañar los juegos, la actividad escolar y la educación física.
- Comodidad: Garantizar que el niño se sienta cómodo es indispensable para lograr la adherencia al uso permanente de los lentes.
Finalmente, se invitó a las familias a consultar con su oftalmólogo u óptica de confianza para evaluar si sus hijos son candidatos al tratamiento con lentes de control de miopía, reforzando siempre la importancia de promover actividades al aire libre y reducir el tiempo de pantalla continua.
